Chile, crecimiento y las mediciones de pobreza
Gonzalo Martner, *Economista, profesor de la Universidad de Santiago y asesor del Gobierno de Ricardo Lagos.
En las próximas semanas el gobierno dará a conocer el resultado de la encuesta de ingresos familiares CASEN correspondiente al año 2011. Esto dará lugar, como ha sido usual en los años recientes, a una controversia sobre el número y porcentaje de pobres en Chile.
La pobreza es una noción difícil de establecer con precisión. Para el Banco Mundial, es la “deprivación pronunciada del bienestar”. Su estimación para Chile es sustancialmente inferior que la del gobierno, la que a su vez difiere de la de la CEPAL y de la OCDE, sorprendentemente en base… a la misma encuesta.
La manera tradicional de abordar las mediciones de pobreza ha sido identificar una aproximación de la situación de pobreza monetaria absoluta, con familias y personas situadas sobre o bajo una línea divisoria que se propone medir la capacidad de acceder a necesidades vitales. Estas se dimensionan a través de las condiciones mínimas de alimentación en calorías. El costo de la alimentación se constituye en línea de pobreza (extrema sin considerar otros consumos, o simple si se los considera) al contrastarse con los ingresos de las familias.
Para el resto de los bienes, es inevitable un enfoque aún más normativo y basado en simples convenciones, especialmente cuando con el tiempo la alimentación no representa sino una proporción pequeña del presupuesto familiar de las personas con menos ingresos. Si el múltiplo aplicado aumenta, también lo hace la línea de pobreza. La frontera de pobreza tiene entonces componentes de definición necesariamente arbitrarios y se remite a un múltiplo de los ingresos que cubren el costo del mínimo necesario para alimentarse.
Este es de tres veces en el caso de Estados Unidos. En el caso de Chile, es de dos veces, diferenciándose además los hogares urbanos y rurales, pues se supone que estos últimos realizan una mayor producción doméstica que atenúa la pobreza, y realizándose una imputación por arriendo en el caso de los hogares con vivienda propia. En el caso del Banco Mundial, simplemente se toma una cifra aproximada para simplificar los cálculos internacionales comparativos de pobreza: uno o dos dólares de ingreso diario por habitante a paridad de poder adquisitivo (PPA) para definir la extrema pobreza y la pobreza respectivamente, actualizada a 1,25 dólares en las estimaciones recientes.
A largo plazo el indicador de línea de pobreza absoluta, salvo cambios en la distribución del ingreso, tenderá a medir el incremento -o disminución- del ingreso nacional. De ahí que cada vez con mayor frecuencia se mida la pobreza en términos relativos a alguna posición media de ingresos, como es el caso de los servicios estadísticos de la Unión Europea y de la OCDE.
Una tasa de pobreza relativa es un indicador de desigualdad concentrado en la parte inferior de la distribución: mientras más débil es el nivel de vida de los más desfavorecidos en relación al del resto de la población, la tasa de pobreza relativa será más elevada. La línea de pobreza relativa se fija dividiendo por un coeficiente el nivel de vida mediano de la población. Este coeficiente, para subrayar su carácter de convención, se muestra en el caso europeo en niveles de 40%, 50%, 60% y 70% del ingreso mediano y se ajusta en una escala de equivalencia para los cónyuges y adultos de más de 14 años y más (0,5 unidades de equivalencia) y los niños miembros de cada familia (0,3 unidades de equivalencia). La OCDE utiliza el 50% de la mediana como línea de pobreza (aunque también calcula el 40 y el 60% de la misma), ajustando por la raíz cuadrada de los miembros de la familia adicionales al jefe de hogar (0,5 unidades de equivalencia para cuatro miembros).
La medición chilena tradicional, que han realizado tradicionalmente de manera coordinada el Ministerio de Planificación de Chile y la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas en base a las encuestas de Caracterización Socioeconómica (CASEN) realizadas cada dos o tres años, se ha regido por la metodología de la pobreza absoluta. Reflejando el crecimiento total de los ingresos, entre 1990 y 2006 la pobreza absoluta bajó de 38,6% a 13,7% de la población y la indigencia lo hizo de 13,0% a 3,2%, lo que no ha sido materia de grandes controversias, con excepción de la no actualización de la estructura de consumo de los hogares desde 1988.
En cambio, la publicación en 2010 de los datos para 2009, y ya producido el cambio de coalición de gobierno, en base a la misma información de base (la encuesta de consumo de hogares de 1987-88 y la encuesta de ingresos CASEN de 2009), ha sido polémica. La CEPAL concluyó que la pobreza cayó respecto de 2006 en Chile, mientras para el gobierno, en cambio, subió. Vale la pena reseñar el razonamiento de la CEPAL: “Para computar la pobreza y la indigencia en cada uno de los años para los que se dispone de una medición de los ingresos (en Chile, para aquellos con una encuesta CASEN) debe actualizarse el valor de esas líneas originales de manera de reflejar la variación de los precios de los bienes y servicios.
Para ello, la práctica tradicionalmente utilizada por la CEPAL consistía en actualizar los valores tanto de la línea de pobreza como la de indigencia considerando el cambio experimentado por los precios de los alimentos. Con esta práctica, la relación entre las líneas de pobreza y de indigencia permanecía constante.
No obstante, a partir de 2007, y para todos los países, la línea de indigencia se actualiza mediante la variación del componente alimentos del Índice de Precios al Consumidor (IPC), mientras que la parte de la línea de pobreza que corresponde al gasto en bienes no alimentarios se actualiza mediante la variación del IPC correspondiente. Este cambio en el criterio de actualización de las líneas se realizó debido al notable incremento de los precios de alimentos (…) En efecto, en el caso de Chile mientras que en el trienio 2006-2009 el IPC de los alimentos creció en 32,4% el correspondiente al resto de los bienes sólo lo hizo en 6,4%. Hasta 2006, la estimación oficial del gobierno de Chile coincidía con la de la CEPAL.
La diferencia que se observa en 2009 obedece a que el cálculo del gobierno no adoptó el cambio introducido por la CEPAL, y continuó actualizando el valor del conjunto de la línea de pobreza (alimentos y otros bienes y servicios) por la variación del precio de los alimentos (…) Si se actualiza tanto la línea de indigencia como la línea de pobreza según la variación de los precios de los alimentos, opción metodológica empleada por MIDEPLAN, la tasa de pobreza resultante es de 15,1%, lo que representa un aumento de 1,4 puntos porcentuales. En cambio, al utilizar la variación de los precios de los alimentos para actualizar el valor de la canasta alimentaria y la variación de los precios de los no alimentos para los demás bienes y servicios, la tasa resultante es de 11,5%, 2,2 puntos porcentuales por debajo del valor de 2006.”
Por su parte, la indigencia, que marcaba 13,0% en 1990, aumentó de 3,2% a 3,7% entre 2006 y 2009, cifra en la coinciden tanto el gobierno de Chile como la CEPAL, pues ambas metodologías utilizan los mismos ingresos medidos por la encuesta CASEN y el mismo indicador de precios de los alimentos. Este leve deterioro ocurrió bajo el impacto del incremento del desempleo en medio de la crisis global y del alza del precio de los alimentos en el período consignado.
Para complicar más las cosas, la medición de pobreza absoluta del Banco Mundial (tasa de incidencia en la población, mediante línea de pobreza de 1,25 y 2 dólares a paridad de poder adquisitivo) arroja una estimación sustancialmente inferior a las anteriores (5,6 veces menos). Por su parte, la introducción en 2011 de mediciones oficiales de pobreza relativa en Chile, siempre utilizando las encuestas oficiales chilenas de ingresos CASEN para 1996, 2006 y 2009 -que estima el porcentaje de la población con ingresos inferiores al 40%, 50% y 60% de la mediana del ingreso disponible antes y después de impuestos y transferencias es consecuencia del ingreso de Chile a la OCDE en 2010.
La pobreza relativa después de impuestos y transferencias, según la metodología OCDE, ha variado poco, es decir de 20,2% a 18,4% para la línea de 50% de la mediana de ingresos disponibles (la medición usual de la OCDE). La disminución ha sido de 26,8% a 25,1% entre 1996 y 2009 en el caso de la línea de 60% de la mediana de ingresos disponibles y de 13,6% a 11,2% en el caso de la línea de 40%. Se constata así una disminución de la pobreza relativa con los tres criterios utilizados por la OCDE, pero de mucho menor magnitud que la de la pobreza absoluta, que entre 1996 y 2009 disminuyó de 23,2% a 11,5% de la población según la CEPAL o a 15,1% según el gobierno chileno. Y se aprecia cuan diferente puede ser la apreciación de este tema y de su evolución en el tiempo según las convenciones metodológicas que se utilice.
Lo que queda claro, es que Chile con su 18% está aún lejos de alcanzar la tasa promedio de pobreza relativa de 11% existente en la OCDE y que converge hacia ella con apreciable lentitud.