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Gonzalo Vial se suma a los Matte y pone en evidencia la crispación entre el empresariado y el Gobierno

El dueño de Agrosuper hizo fuertes críticas a La Moneda en El Mercurio. Sus comentarios se suman al golpe de mesa de los Matte por HidroAysén y reflejan el creciente malestar del empresariado con el Gobierno.

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El malestar venía en aumento desde que se desató el escándalo La Polar. Un gran número de empresarios se comenzó a sentir incómodo con la cruzada fiscalizadora del Gobierno y con medidas —consideradas por muchos como populistas— provenientes del Ministerio de Economía. El malestar lo expresaban en privado o en forma indirecta, sin embargo en las últimas semanas los cuestionamientos se comenzaron a escuchar con más volumen y fuerza.

Las críticas del fundador de Agrosuper han sido las más duras. Ayer, en una entrevista con El Mercurio pidió perdón y dijo lamentar lo ocurrido en la planta de cerdos de Freirina, pero con el Gobierno no tuvo piedad. Primero criticó al ministro de Salud y las autoridades. “Lo que no acepto es la distorsión. ¡Que vengan altas autoridades de Gobierno a decir que nosotros habíamos dejado botado cinco días a los chanchos! ¡Si no podíamos entrar!”, explica.

Pero recién se precalentaba. Ya en plena entrevista su opinión quedaba más que clara: ante la pregunta si el Gobierno los abandonó, respondió con ironía “pregúntele a Colbún. Yo soy un ratón”.

De la ironía al sarcasmo. Ante la pregunta si está desencantado de la política, Vial respondió: “el Gobierno lo ha hecho fantástico. Estoy más encantado que los de Aysén”, refiriéndose a la aprobación de cero por ciento que tuvo el Ejecutivo en esa región según la encuesta CEP de abril.

Sus comentarios se suman al golpe de mesa de los Matte por HidroAysén. El grupo económico más poderoso de Chile dio un fuerte golpe político a La Moneda al decidir suspender la línea de transmisión del proyecto más grande y más problemático del país. Y las razones que esgrimió fue la falta de una política energética con amplio consenso y de reglas claras. El mensaje era nítido: este gobierno no ofrece las garantías necesarias para hacer el negocio.

Para La Moneda fue un certero golpe. No sólo el Presidente, Sebastian Piñera, es amigo de varios miembros la familia Matte, sino además los Matte son el grupo más representativo del “establishment” criollo. Los financistas del CEP, el centro de estudios emblemático del empresariado y los dueños de La Papelera, empresa emblemática de la economía chilena por todo lo que representa su historia. Que ellos salgan a enjuiciar al Gobierno y el clima de negocios es fuerte. Para algunos observadores es abiertamente un “chantaje que le pone presión al Gobierno parando inversión”.

El ambiente crispado entre el empresariado y el Gobierno se hizo carne en un encuentro de grandes empresas, organizado por Santander GBM en CasaPiedra el pasado 26 de mayo. En él, varios ejecutivos de las empresas más grandes de Chile tenían algo que decir por los diversos cuestionamientos que han surgido en el último tiempo contra las empresas privada.

Hernán Uribe, director de Ripley, reclamó que la competencia es la gran protección del consumidor y se quejó de que en Chile “no somos tan valorados” a diferencia de lo que ocurre fuera del país, donde, aseguró, los servicios de las empresas son calificados como “muy buenos”.

El más duro del panel fue Alfonso Swett, gerente general de Forus, quien usó una particular figura literaria para graficar el escenario actual en Chile: “Antes era como la Reina de Inglaterra: reinaba, pero no gobernaba; ahora tiene un brazo armado que es el Sernac”.

Swett apuntó directo a la influencia de la política en la regulación. “Es repreocupante que al final, la plataforma del Director del Sernac para ser senador por Santiago poniente va a determinar un apetito político a futuro tremendamente importante”, enfatizó.

En el panel de la banca también hubo quejas. Arturo Tagle, gerente general de Banco de Chile, observó que si bien es una tendencia internacional la mayor regulación para proteger a los consumidores, lo preocupante, a su juicio, es que no se privilegie el cuidado de la estabilidad del sistema financiero. “Nuestra preocupación está particularmente cuando se deja de lado la preocupación por la estabilidad del sistema bancario y hay algunas regulaciones que pueden afectar”.

Anoche en el programa Tolerancia Cero, el senador Carlos Larraín, presidente de Renovación Nacional, el partido del Piñera, no fue menos duro al afirmar: “la crispación entre el empresariado y el Gobierno es evidente”. Acusó al ministro de Economía, Pablo Longueira, de tener un sesgo antiempresarial para inventarse un relato y hacer política. Comentó no estar sorprendido por lo de HidroAysén. “Han habido 5 ministros de energía en menos de dos años y al último, Bunster, no lo reconoce nadie”, disparó. Y para terminar, describió al gobierno de Piñera como “tímido que no se atreve a enfrentar a mucha gente”.

También el vicepresidente del Banco Central, Manuel Farfán, opinó en contra de la gestión del Ejecutivo. No por ser antiempresario, sino más bien por tratar de ser populistas.

En una entrevista con El Mercurio criticó la propuesta de reducir los impuestos al combustible que es parte de la reforma tributaria del Gobierno. “Cuando existen maneras de generar demandas un poquito desordenadas, pueden aflorar con facilidad ofertones demagógicos. Una de las cosas que recomienda con fuerza el estudio CEP-Cieplan, por razones medioambientales y de igualdad con lo que ocurre en otros países, es subir el impuesto a las gasolinas, también al diésel del transporte, no al industrial. Me parece inadecuado postular reducciones en ese impuesto cuando el país está enfrentando nuevos desafíos, muchos de ellos muy caros. Es restar recursos a esos otros fines, para entregarlos a los automovilistas. Esta es una opinión política y estoy dispuesto a decirla, porque no hay ningún técnico serio en el país que yo conozca y tenga cierto prestigio que esté recomendando bajar el impuesto a las gasolinas”, argumentó.

Un empresario del sector energético reitera que la frustración de parte del empresariado con el Gobierno es real y si La Moneda no pone atención se le va abrir un nuevo frente de conflicto, porque ya no están dispuestos a quedarse callados.



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