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Lo mejor de la semana: Ricardo Hausmann, el profesor de Harvard que incomoda a los Chicago Boys criollos

Se peleó con Longueira y Juan Andrés Fontaine en un seminario de Asimet. José Ramón Valente lo "ninguneó". El amigo de Andrés Velasco saca ronchas con sus críticas y cree que tenemos un trauma por la UP y la Dictadura.

hausmann

No lo resaltaron los medios, pero fue lo más comentado por los que asistieron y la nota más leída de este medio la semana pasada: las ácidas críticas del economista de Harvard, Ricardo Hausmann, al dogmatismo neoliberal chileno.

La presentación de Haussman hace una semana en un seminario de Asimet en Casa Piedra, sacó ronchas. Sus apuntes respecto de la falta de diversificación de las exportaciones chilenas, que genera poco conocimiento a nivel local y provoca un elevado costo por recibir inversión extranjera, fueron mal recibidos.

Juan Andrés Fontaine, ex ministro de Economía de este gobierno, José Ramón Valente, socio de Econsult y hombre de derecha, y la persona que remplazó a Fontaine en el cargo, el ministro Pablo Longueira, tuvieron reacciones fuertes a los dichos de Hausmann. Levantaron dudas, cuestionamientos e hicieron comentarios irónicos, defendiendo los logros de la economía chilena de los últimos 30 años.

Todo, porque el destacado economista y académico criticó las falencias del modelo y planteó la falta de innovación del país. Desde Boston, en una entrevista, el venezolano intenta entender el rechazo local a los cuestionamientos y lo define como la “cultura General Motors”.

“En la cultura de General Motors, el gerente de una planta cuando lo visita el presidente global de la empresa trata de mostrarle todo lo bien que está funcionando la empresa que él maneja. En la cultura japonesa, cuando va el presidente de la empresa a la planta de producción, si un gerente de la planta quiere lucirse él identifica todas las áreas para mejora que él puede identificar en la empresa, y la idea es que si tú puedes hacer eso, tú tienes una agenda para mejorar la empresa. Si nada más estás centrado en las cosas que andan bien tú no tienes una agenda para mejorar”, explica.

Hausmann coincide con las categorías enunciadas por Oscar Landerretche aquel día en Casa Piedra, de autocomplacientes y autoflagelantes. En el primero ubica a sus críticos. “Yo diría que el problema de los autocomplacientes es que están buscando tantas razones para sentirse satisfechos con el presente que no logran generar una agenda para un futuro mejor”, señala.

Aún más, el profesor de Harvard piensa que hay motivos más de fondo. “Yo creo que Chile tiene un trauma histórico, el de la Unidad Popular y la Dictadura, y de que llegó a encontrar un camino que fue exitoso, basado en un set de ideas, y ese set de ideas creo que rindió un conjunto de cosas, en parte, porque generó las bases para que se expandieran las ideas productivas que el país ya tenía. Pero la estrategia actual no está dirigida a la generación de nuevas ideas, tecnología, lo único que están dispuestos a hacer son cosas muy pasivas, como Start-Up Chile, que son cosas que me parece bien que se hagan pero para hacer las cosas en serio tarde o temprano se van a dar cuenta que van a tener que hacer juicios, Big Winners, van a tener que escoger. En Estados Unidos, en la Universidad de Harvard, un tercio de sus ingresos vienen de participar en presupuestos de Investigación y Desarrollo de los gobiernos”, afirma.

Para Hausmann, actual Director del Centro Internacional de Desarrollo de la Universidad de Harvard, las cifras de la inversión extranjera revelan el problema de Chile. Nuestro país invierte afuera cifras similares a las que empresas del exterior invierten en el país. Pero las ganancias son distintas.

Según el Banco Central, relata Hausmann, lo que Chile invierte afuera rinde 3% del PIB mientras que la inversión extranjera rinde 10,5% del PIB en intereses y dividendos en nuestro país. Existe un rendimiento neto de 7,5% del PIB nacional en favor del capital extranjero.

“Mi interpretación es que la explicación de eso es que la inversión fuera de Chile es esencialmente pasiva, compra papeles. Los extranjeros en Chile compran empresas, y como las compran, las manejan, es decir, usan su conocimiento y el 10,5% es el retorno no al capital que metieron sino al conocimiento que tienen y que Chile no tiene”, resume.

Lo curioso es que Hausmann tiene características que en rigor no deberían ser tan incómodas para la elite neoliberal.

Es venezolano y hoy participa en la campaña de Fernando Capriles quien desafía a Hugo Chávez en Venezuela. Uno de sus alumnos es uno de los encargados programáticos de la campaña del opositor en Caracas.

Hasta allá llevó Hausmann a su amigo Andrés Velasco, el ex ministro de Hacienda de Bachelet y hoy precandidato presidencial.

De hecho, de los dos días que estuvo la semana pasada acá en uno de ellos se quedó hasta bien entrada la noche en casa de Velasco y la periodista Consuelo Saavedra, junto al equipo del economista.

Tomaron un pinot noir y Velasco, cuenta Hausmann, cada vez que puede le desliza la idea de que participe en su campaña.

Se conocen desde hace dos décadas al menos, cuando ambos llegaron a Harvard. Negociaron juntos su entrada a dicha universidad y mientras Velasco hacía clases de macroeconomía y finanzas internacionales, Hausmann enseñaba de diagnóstico de crecimiento. “Salíamos a trotar juntos”, recuerda, asegurando que Velasco “es como hermano mío, si me pide algo me va a costar mucho decirle que no”.

Vivían en el mismo sector —Back Bay— en Boston hasta que Velasco se vino a la campaña de Bachelet en 2005. Hicieron innumerables viajes juntos y asesorías.

Como la que hicieron en los ‘90, contratados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en la Cuba de Fidel Castro, sobre el “horrible” régimen de la isla, como lo califica. “Fue una visita Kafkiana, ahí aprendí cómo se traduce en la práctica una sociedad sin libertades, porque la gente no se da derecho a pensar, como hay tanto control”, opina Hausmann, el economista que la derecha económica en Chile no toleró.



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